Carta abierta para la música

Mayo 18, 2016


Durante este último tiempo han pasado distintas cosas en la escena musical chilena. Hay un ambiente de constante renovación, y eso es súper bueno, teniendo en cuenta que ya varios pesimistas estábamos perdiendo la fe respecto a lo que podíamos escuchar en las radios, que al final eran las mismas canciones de los mismos artistas que fueron novedad hace… ¿10 años? El tiempo vuela.

Esta misiva es para constatar varios hechos que resumen lo que actualmente podemos ver en todos los blogs de música. Estamos mejor que hace 10 años, ciertamente, pero igual estamos cagados. De repente pienso que puedo estar tirando escupos fuera del tiesto —por decirlo de forma bonita—, no obstante es algo que me atormenta diariamente. Creo que es mejor graficar todo a modo de una simple historia.

“Llovía…”

Érase una vez una banda chilena que se estaba haciendo famosa lentamente gracias a diversos medios de comunicación. “Los Cabros”, como serán llamados en esta ocasión, tenían todo listo para partir a Europa y tocar "en un par de tugurios", cosa que para cualquier artista chileno, es más que soñado. Para lograr dicho cometido, habían postulado a un fondo del Gobierno, y francamente tenían todas las de ganar. Bastaba nada más que les dieran ese cheque gigante en una premiación fancy para que todo quedara sellado. Así de simple. Todos felices.

Pero algo pasó… Había un hombre que miraba atento esta situación desde su ventanilla abierta de par en par, que por una corazonada y sin meditarlo mayormente, decidió que Los Cabros no fueran los escogidos para dicho fondo, dejándolos cubiertos en lágrimas y sin poder ir a difundir su trabajo —representando fiel y alegremente a la nueva escena musical chilena— a Europa.

Producto de esta decisión, Los Cabros se movieron rápido y decidieron armar tocatas en pro de su sueño, que finalmente debería ser el de todos, ya que, mirándolo desde un punto de vista bastante objetivo, nos beneficia a todos como nación. Curioso que el Gobierno les haya denegado el dinero, ¿no?

Premiamos la independencia, aunque no tengamos nada que ver con ella

En otro rincón del país, una asociación privada organizaba una ceremonia en la cual se premiaría a todos los músicos nacionales que hubieran logrado algo significativo dentro de sus respectivas escenas. Dicho evento se llevó a cabo de muy buena manera, cosechando muy buenos reviews por parte de varios medios ácidos que miraban con resquemor lo que estaba a punto de acontecer.

Lo que la asociación privada desconocía —o sinceramente nunca vio venir—, es que la gran mayoría de los lanzamientos que se mencionaron durante su “noche de gloria”, habían sido estrenados de manera independiente y sin una mayor difusión que las que los propios artistas y sellos le dieron en su respectivo momento. De hecho, hubo un disco en particular, el cual fue lanzado para un evento global realizado en Internet desde Chile hacia afuera (del cual pocos chilenos se enteraron realmente), que se llevó una presea sin ninguna ayuda de la asociación privada, prensa o algún otro ente externo a los involucrados en la producción y difusión del disco.

Dicho caso fue cubierto por algunos sitios sin entrar en mayores detalles (como que en 2014 en Chile se lanzaron 1.022 discos, de los cuales 999 —un no menor 98%— fueron estrenados de forma completamente independiente, por poner un ejemplo simple), y así ese dato se fue perdiendo entre el mar de bits que hoy por hoy nos baña gracias a la hiperconexión y sobreinformación…

Nos vamos a EEUU con estos fonditos… como todos los años*

Finalmente, en un tercer rincón de esta tierra llamada Chile, un grupo de personas con altas influencias en algunos sellos independientes trataban de hacer algo por sus representados (a.k.a. músicos que son actualmente difundidos por sus entidades discográficas). A pesar de que el trabajo que estaban realizando era técnicamente excelente, había un factor que empañaba todo lo bueno que podía llegar a ser su trabajo… No representaba a aquellos que eran realmente independientes, quienes, de paso, tampoco podían pagar una cuota —para muchos, estratosférica— mensualmente para poder ser parte de esta oligarquía.

Recuerdo una conversación con Máikeles Tivenson sobre que en este país hay cerca de 7 mil bandas emergentes repartidas a lo largo y ancho de nuestra nación, según un censo de artistas que alguien realizó alguna vez. Muchos de estos grupos se quedan en el camino por razones que van desde el poco profesionalismo de los propios artistas, hasta porque eran buenísimos, pero nadie los pescó gracias a su falta insostenible de contactos en el ambiente musical (porque recordemos que estamos en Chile y así funcionan las cosas acá).

Me pregunto cuándo esa oligarquía se ha acercado a alguna de las miles de tocatas y presentaciones en vivo que medios como Sonidos del País -por poner un ejemplo cercano- han promocionado en distintas instancias… La respuesta a dicha pregunta podría resultarnos chocante, no obstante el resultado más soft-porno es decir que ya no estamos en los 90 y que las cosas ya no funcionan como en la serie “Vinyl”.

***

Todo lo anterior tiene como punto en común la lógica mercantil, ese pensamiento lamentable de que “si da plata, entonces lo apoyamos”, sin importar realmente el talento que tal o cual agrupación realmente tenga. Sin querer dar nombres, hay ciertos proyectos que reúnen gente, cuentan con un hype increíble (de “poco creíble”) por parte de ciertos sitios en Internet, pero que musicalmente hablando dejan harto que desear. Desafío a cualquiera a tratar de gritarles “¡Tunantes!” en una tocata cualquiera, sin morir ahogado por el humo que desechan esos pobres cabros**…

Es triste ver cómo ciertas instancias que antes apoyaban a la música emergente, y quizás sólo a modo de vitrina, han ido cayendo una a una gracias a aquellas personas que podrían vender hasta a sus madres con tal de tener mil pesos más en su cuenta bancaria a fin de mes.



Bullado fue el caso de INJUV FM (ver video), quienes cerraron la puerta a varios programas de este tipo en pro de obtener más audiencia. Hoy ofrecen que una de sus locutoras cante en vivo si es que llegan a una cantidad determinada de conexiones en su sitio web, lo que deja mucho que desear teniendo en cuenta que es una radio manejada, finalmente, por el Gobierno de Chile, cuyo rol es esencialmente promover la música que refleje la identidad chilena, tanto en suelo nacional como en el extranjero. ¿Como lo que pasó con Planeta No? Muy bien, querid@, entendiste todas las referencias.



Más encima no lo lograron...



Ahora, el programa de Metro de Santiago para los músicos… No, ni siquiera vale la pena mencionar lo pésimo y humillante que es para nuestros compañeros artistas.

Añoro, de verdad, el día en que algunas personas, que hoy tienen bastante influencia (de la de verdad, no esa ilusión llamada “Twitter”) en la escena musical, estén dispuestos a darlo todo por la música como causa, sin pensar en la cantidad de ceros que sus cuentas corrientes pudiesen llegar a tener si es que hiciéramos todo tal como ocurre hoy. A ratos me pregunto incluso dónde quedó la honestidad en todo esto… Ni hablar de lo que pasó con el compilado de nueva música chilena —publicado bajo el hashtag más feo del mundo, que ya algo te deja entrever sobre moda y nuevas formas de consumo.

Escribo esto desde el cansancio. Estoy harto de tener que ver cómo todas estas injusticias ocurren frente a nuestras narices y nadie hace nada, aludiendo a que “es que las cosas son así”, o “ es que llevamos años en la misma”, o incluso “es que ya no podemos cambiar nada”… No les estoy pidiendo que se manifiesten en Plaza Italia y que armemos una marcha para llevarle esta carta a soa-Michelle-haga-algo, pero si sirve para que alguien, una sola persona (por favor… una sola persona), se de cuenta de que nos están metiendo el pico en el ojo incluso con la música en Chile, me voy a sentir más que pagado.

* Esto es parte de algunos antecedentes que manejo gracias a conversaciones privadas con otras personas. Obviamente, me guardo las fuentes.
** Mala esa banda culiá...

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