El trabajo dignifica al hombre

Mayo 8, 2016


Últimamente me he visto enfrentado a una realidad que, la verdad, me esperaba venir desde que me titulé: el trabajo, pero no sólo como el hecho de trabajar, sino que todo lo que esto conlleva.

Mientras uno estudia, la titulación parece un evento aislado, que va a tomar años para que finalmente llegue, pero que en algún momento va a llegar lo queramos o no. La práctica es fundamental para tener un primer acercamiento a lo que es este mundo. El tener que cumplir un horario, reglas de convivencia y un largo etcétera de cosas que, de cierta forma, guardan mucha relación al adoctrinamiento que uno recibe en los años de colegio. No obstante, mientras más avanzas en ese proceso, más te das cuenta de que algo anda podridamente mal.

No es el hecho de trabajar en sí, sino que la motivación detrás de eso. Mientras hacía la práctica, me di cuenta de que no quiero tener que trabajar para vivir, ni menos vivir para trabajar.

Recuerdo el momento clave en el que me percaté de esto: un día cualquiera escribí una nota tan irrelevante, que me hizo ver en retrospectiva todo lo que había escrito desde que me senté en ese escritorio, y la verdad es que sólo había estado publicando salchichas, salvo uno que otro artículo que sí hizo la diferencia. Cada una de esas notas me hizo sentir que estaba haciendo bien mi pega. Que estaba logrando tener un efecto en cierto grupo de personas (un día incluso hice que el Gobierno arreglara un cagazo de seguridad en un sistema digital), y era eso lo que realmente me llenaba, sentir que estaba haciendo algo con sentido.

Posteriormente, una vez que me titulé, empecé a sentir esa auto-presión por el hecho de que tenía que hacer algo por mi vida, que me levantaba y quedaba desocupado, que todos estaban en algo y yo no. Mi abuela fue un factor determinante para eso, porque era la primera que me decía "y ahora hay que buscar una pega que te de buenas lucas". ¿Pero sólo buenas lucas?

Desde mi punto de vista, el concepto de "éxito" en Chile corresponde al que nos fue heredado desde que los Chicago Boys impusieron el capitalismo en el país: si ganas más plata, puedes hacer más cosas, por ende, puedes ser más que el resto porque tienes cosas que el resto no. Todo el sistema funciona así, pero eso no es más que una ilusión y todo el mundo lo sabe, pero nadie hace nada porque, al hacer algo, estás fuera del sistema y nadie realmente quiere que te queden mirando como "el hueón distinto" o "el flojo culiao de pulmones vírgenes".

Desde mi vereda, puedo decir orgullosamente que estoy haciendo algo que me llena. Estoy tratando, junto a Diego, de llevar a cabo el proyecto Sonidos del País en Radio Qué Leo por medio de auspicios. Es un proceso que ha costado un montón llevar a cabo, porque hemos tenido que pasar por muchas reuniones que, en ocasiones, no nos llevan a nada, no obstante ha habido un par de aciertos. Lo que viene ahora es seguir dándole con todo para:

1.- Claramente hacer el programa y que todo salga bien
2.- Ganar plata (porque hay muchas cosas que pagar)
3.- Hacer algo por la música, abriendo y manteniendo espacios para los artistas emergentes

Como esto es un proceso largo, harta gente -sobre todo de mi familia- podría pensar que me estoy tirando las bolas porque no tengo un ingreso mensual fijo. ¿Pero saben algo? Estoy haciendo algo que me gusta, y sé que puedo llegar a los 40 años, mirar para atrás y decir "Puta, lo hice bien". Teniendo en cuenta que harta gente está varada en una pega que no le gusta, malgastando un potencial talento en un área que no es la de él, no muchos pueden darse el lujo de hacer eso el día de hoy.

Sí, "el trabajo dignifica al hombre", pero tener esa pega que te llena por dentro, más allá de los bolsillos, es invaluable. El resto es un "Arbeit macht frei" eterno, y todos sabemos lo que eso significa realmente...

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