Mayo 31, 2015

Hacer música fue en algún momento mi forma de escapar de todas las tensiones que estaba teniendo y acumulando en mi cuerpo. A algunos les sirve hacer ejercicio, a otros tocar algún instrumento, a mí en lo personal me relajaba hacer música electrónica, y ojalá que fuera lo más tenebroso posible, porque era exactamente eso lo que me estaba pasando.
Hubo un momento en el que tuve una depresión mayor que no sabía cómo controlar. Nunca fui al psicólogo ni me traté de ninguna manera por opción propia. Tuve una pésima experiencia yendo al psicólogo y la verdad es que nunca más volví a confiar en uno, razón por la que decidí tratarme solo. Si el hastío era mucho -y vaya que lo fue-, me tomaba la pastilla de la felicidad y ya (no me automedicaba, me las recetaron), no obstante algo me faltaba.
El parche perfecto era hacer música y publicarla bajo el sello con el nombre de Horror House. De ser una joda, se transformó en algo muy personal, pero cuando la etapa depresiva se fue quedando atrás, también se fueron quedando atrás las ganas de seguir con esa idea.
Hacer música en Horror House significa hoy tocar una parte importante de mi vida, que si bien no voy a poder dejarla atrás, sí me es necesario superar (ya lo hice en términos técnicos, pero Horror se transformó en un residuo que debo superar... Es eso lo que me molesta hasta hoy).
Es por esta razón que tomé una determinación importante. No voy a dejar la música, porque es algo que realmente me apasiona. Horror House -sin querer serlo- es energía, y la energía no desaparece, sino que se transforma. He decidido ocupar lo que resta de 2015 como un campo en el que debo plantar semillas para cosecharlas durante el 2016, y es obviamente un plan a largo plazo, que va a tomar mucho tiempo y gasto energético, pero es absolutamente necesario.
Por ahora lo importante es encontrar un nombre adecuado. El resto ya lo tengo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario